Parir con dignidad: ¿Qué es la violencia obstétrica y cómo exigir un parto respetado?
El nacimiento de un hijo debería ser uno de los momentos más trascendentales y memorables en la vida de una persona. Sin embargo, para muchas mujeres y personas gestantes, el proceso de dar a luz está marcado por la vulnerabilidad y la pérdida de autonomía.
En el marco de una semana clave para los derechos humanos, conversamos con Paula Carelo, abogada especialista en la materia, para desmenuzar un concepto del que cada vez se habla más, pero que aún cuesta identificar en la práctica: la violencia obstétrica.
¿De qué hablamos cuando hablamos de Violencia Obstétrica?
En Argentina, la violencia obstétrica no es solo una mala experiencia médica; es una vulneración de los derechos humanos tipificada por la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres.
Se define formalmente como aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y la patologización de procesos que, en esencia, son naturales.
Para contrarrestar esto, existe la Ley 26.529 (Ley de Parto Humanizado), que detalla los derechos específicos que asisten a la mujer durante el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el posparto.
Entonces, ¿qué es un Parto Respetado?
Contario a lo que se suele creer, el parto respetado o humanizado no es una moda ni una práctica esotérica. Es, simplemente, respetar los tiempos biológicos y psicológicos de la naturaleza, hacer parte a la mujer de las decisiones sobre su propio cuerpo y minimizar las intervenciones médicas que no sean estrictamente necesarias.
Las señales de alerta: Prácticas comunes que constituyen violencia
A veces, la línea entre la atención médica estándar y la violencia obstétrica se desdibuja debido a la costumbre. Aquí te mostramos algunos de los ejemplos más claros expuestos por la especialista:
- Cesáreas innecesarias: Los índices de cesáreas han crecido de forma alarmante, sobre todo en el sector privado, alejándose de las recomendaciones de los organismos internacionales de salud.
- Inducciones injustificadas: Apurar el parto con goteo (oxitocina sintética) por ansiedad, rutina o comodidad del equipo médico, sin una necesidad clínica real.
- Restricciones corporales: Prohibirle a la mujer hidratarse, comer o moverse libremente durante el trabajo de parto.
- La posición de parto impuesta: Obligar a la mujer a parir acostada boca arriba (posición de litotomía) solo porque es más cómodo para el médico, cuando la gravedad y la comodidad de la madre sugieren posiciones verticales (en cuclillas, parada, de lado).
- Rotura artificial de membrana: Romper la bolsa de manera rutinaria solo para «acelerar» el proceso.
El rol de la medicina vs. el respeto a la naturaleza
Es fundamental aclarar que esta lucha no busca demonizar a la comunidad médica. La intervención profesional es vital y salva vidas en embarazos o partos de alto riesgo (como en casos de preeclampsia o síndrome de HELLP).
El verdadero desafío es el equilibrio: entender cuándo la ciencia debe intervenir para salvar una vida y cuándo debe dar un paso atrás para dejar que el cuerpo de la mujer haga su trabajo en un entorno seguro, amoroso y libre de presiones.
«En ese momento uno confía ciegamente en el médico, solo querés que tu bebé nazca bien», se suele escuchar en los relatos de partos. Esa confianza ciega no debe ser utilizada para arrebatarle el protagonismo a la madre.
El camino hacia adelante: Información para decidir
La conclusión es contundente: la clave para erradicar la violencia obstétrica es la educación. Cuando las mujeres y sus familias conocen sus derechos, pueden dialogar con los profesionales de la salud desde un lugar de empoderamiento, exigiendo un trato digno que proteja tanto su salud física como su salud emocional.
El parto es tuyo. Informate, preguntá y hacé valer tus derechos.
Si querés profundizar más en el marco legal y conocer la perspectiva completa de la abogada Paula Carelo, te invitamos a ver el video completo haciendo clic aquí





